Cap.5 Reunión
-Kitty, Lala, Misha, Fifí, Misifú...¡Félix! No, espera, tu eres una hembra y ese es nombre de macho, ummmmm ¡esto se me da fatal!
Oí a mi madre que me llamaba desde la cocina, cogí a la gatita, cabía en la palma de mi mano, bajé y me dieron una carta. No sabía quien la enviaba, sólo ponía "para Elle". No la abrí, la dejé a un lado de la mesa y me senté en el sofá con mi madre y el animalillo encima de las piernas, acariciándolo mientras se acurrucaba cada vez más pegada a mí.
-Es preciosa-comentó mi madre-tan pequeñita y blanquita...
-Todavía no sé que nombre ponerle, ¿me ayudas?
-¡Claro! A ver, yo siempre quise tener una gatita y quería que se llamara Mimi
¡Mimi! un nombre corto, sencillo y muy fácil de recordar,"¡Me encanta!"
Era perfecto, dulce como ella, a mi madre siempre se le dio bien eso de los nombres, tenía que haberle preguntado directamente y no haberme comido el coco con nombres que ni siquiera eran de hembra.
Cogí la carta, volví a mi habitación, me puse el pijama, guardé el sobre en el cajón de la mesilla de noche y, antes de acostarme, miré por la ventana. Blake tenía las persianas subidas y podía ver gran parte de su habitación: su cama, una estantería con libros, algunos pósters, su escritorio en el que él estaba haciendo los ejercicios de tecnología...¡Él estaba en la habitación! Me alejé del tragaluz por acto reflejo y bajé la corredera rápidamente, sería muy vergonzoso si me viera observando su cuarto desde mi habitación, además ¿por qué me acerqué a la ventana? ¡Es de locos! antes ni me asomaba y ahora voy ahí sin pensarlo.
Me acosté, necesitaba descansar ya que mañana me tenía que levantar pronto para ir a trabajar.
Y así fue, el despertador me sonó a las 8:15. Con mucho sueño me fui levantando poco a poco, tomé una ducha bien fría para desperezarme, desayuné como una reina y me vestí con ropa cómoda: unos leguins grises por debajo de la rodilla, unos tenis viejos, una camiseta muy usada y una sudadera verde por si refrescaba ya que el día no venía muy bueno. Antes de salir miré por encima el puñado de cartas que vienen todos los días, casi todo eran facturas, una revista cutre que nos mandaban todos los meses por haber trabajado en una tienda de ropa, y otro sobre en el que sólo ponía mi nombre, idéntico al de ayer. Dejé todas las cartas donde estaban, cogiendo sólo la revista que nadie iba a leer y me dirigí a la panadería donde trabajo como empleada a medio tiempo por un buen sueldo.
Tras un rato bastante aburrido, ya que a esas horas no venía mucha gente, me quedé pensando en aquellas extrañas cartas. No quería abrirlas por lo que podrían contener pero me preocupaba que siguieran trayendo más. El sonido de la puerta me sacó de mis pensamientos, acababan de entrar Destiny y Malai y estaba segura de que no era para comprar exactamente.
-Buenos días, me gustaría una barra chapata y medio kilo de empanada de carne, a todo esto quisiera incluir uno de esos bollitos que tienen tan buen aspecto-dijo Malai con tono burlesco como si fuera una vieja estirada que venía a comprar.
-¿Está segura de que quiere todo esto?
-Pues la verdad es que sí, como mi madre sabía que iba salir con Destiny me encargó comprar esto-comentaba mientras me enseñaba una lista con las cosas que había pedido.
Le puse todo el encargo en una bolsa y le dije el precio, una vez pasado la "fase formal" empezamos a hablar como si estuviéramos en la calle.
-Oye,oye, mañana no tienes nada que hacer ¿verdad? ¿y si nos vamos a algún sitio?-propuso Malai
-¿A dónde?-preguntó Destiny sin mucho ánimo
Nos quedamos en silencio, la idea estaba bien pero estábamos escasas de imaginación. El reloj de la plaza daba la una, la hora en la que terminaba mi turno, fui al despacho a quitarme el delantal y a despedirme de mi jefe para irme con mis amigas a casa. En el cruce nos despedimos, quedando a las 5:30 en mi casa para hablar un poco más lo del domingo.
Llegué a casa muerta del hambre, mi padre estaba empezando a hacer una tortilla de patatas mientras que esperaba a que llegara mi madre de la revisión del médico. Me preocupaba que fuera sin compañía, pero es mayor y sabe cuidarse sola, mi padre ya hace bastante trabajando el doble que los demás en un tiempo reducido. Lo ayudé a terminar de preparar la comida, que por alguna extraña razón era mucha más que de costumbre, cuando iba a poner la mesa mi padre me dijo:
-Pon tres platos más, hoy tenemos invitados.
¿¡Invitados?! ¿¡No podía habérmelo dicho hoy por la mañana?! además,¿a quién invitaron? ¿y cuándo?
Había mil preguntas en mi cabeza que nadie podía contestar, no me atrevía a soltarle todo lo que estaba pensando en ese momento, así que respiré hondo, me calmé y pregunté
-¿A qué hora vienen?
-A las dos y media
-Y son las...
-Dos-interrumpió mi padre
Media hora, ¡Sólo media hora para prepararme! Daba igual quién fuera, no podía presentarme a unos invitados con las pintas del trabajo. Puse los tres platos que faltaban junto con los vasos, las servilletas y los cubiertos para dirigirme como una bala a mi habitación. Me puse unos pantalones cortos vaqueros blancos con un jersey de cuello barco gris, unas Converse blancas y el pelo lo arreglé en una trenza de espiga.
Con todo, ya eran las dos y cuarto, hora en la que mi madre llegó del médico.
-¿Qué tal la revisión?-preguntamos mi padre y yo a la vez
-Horrible, como siempre, ese estúpido doctor estuvo interrogándome durante una hora con cosas que son obvias para que después me torture soplando a una maquinita.
-Mamá... es normal que te pregunten tus hábitos de vida, sólo quieren saber si estás haciendo las cosas bien, y la espirometría es para saber cómo va tu capacidad pulmonar.
-Hija mía, ¿cuántas veces te he dicho que no me repicles? Además, soy tu madre y si te digo que allí lo único que hacen es torturar me, lo hacen.
-Mamá eres una exagerada.
Mi madre me iba a responder con alguna de sus locas contestaciones de cuando sale del médico, pero el ruido del timbre la interrumpió.
-¡Ah! deben de ser los vecinos.
Me quedé de piedra, ¿mi padre acababa de decir "vecinos"? Lo que significaba que... En ese momento mi papi abrió la puerta y lo pude ver: Blake junto con sus padres estaban entrando por la puerta de mi casa.
Estaba empezando a ponerme nerviosa, un chico que tiene su habitación en frente, que va en mi misma clase y que gracias a él conseguí a mi gatita esté pasando al salón como un invitado no es una de las cosas más normales que hayan pasado en mi vida. Mis padres se presentaron a los de Blake, entre hombres con un fuerte apretón de manos y entre sí con dos besos, uno por cada mejilla. Bruno se encontraba al lado de sus padres, recto, callado y paciente iba vestido como una persona normal, un jersey azul gastado algo holgado, unos vaqueros bastante sueltos oscuros y Converse grises, no estaba pintado, el flequillo no le tapaba el ojo derecho y lo único que conservaba de su anterior look eran los dos pirceings que tenía debajo del labio.
Por alguna razón no me gustaba, no era el Blake que había conocido hace dos días, parecía otro chico cualquiera. Mi padre me agarró por los hombros y me presentó:
-María, Alejandro, esta es mi hija Elle-dijo mientras me señalaba a lo que yo hice una pequeña reverencia con una sonrisilla para que no se notara el nerviosismo y la decepción que me comían por dentro.
-¡Ah, si a ti ya te conocía! de las galletas y la conversación que tuvimos ayer-dijo María, madre de Blake muy contenta.
Mis padres me miraron fijamente con una expresión en sus ojos que me pedían respuestas, algo en lo que se fijó rápidamente María que comenzó a hablar.
-¿Acaso no lo sabíais? La habitación de vuestra hija coincide que está justamente en frente de la de mi niño-dijo mientras cogía a Blake por un brazo y lo adelantaba un poco para que mis padres pudieran verlo bien, se notaba que estaba muy avergonzado y creo que no se sentía cómodo llevando esa ropa-vamos Bruno, preséntate.
-E-encantado, como acaba de decir mi madre me llamo Bruno.
-¡Vaya! encantado, eres joven como mi hija, ¿cuántos años tienes?
Vi una expresión de sorpresa en la cara de Bruno
-Esto... tengo 17
-¡Anda, como mi hija!
-Si... claro, por algo vamos juntos en clase.
Se hizo el silencio en la sala, la comida se enfriaba, no sabía a donde mirar, de repente sentí tensión en el ambiente ¡y todo por no habérselo comentado a mis padres! soy una persona horrible, debió verse en mi cara porque mi madre vino en mi rescate.
-Bueno, supongo que tendréis hambre, por favor sentáos a la mesa.
Todo estaba preparado, la tortilla sólo era el entrante, había un pollo entero asado con la salsa especial de mi padre que llevaba mil ingredientes y sabía de maravilla.
Todos empezaron a comer, la comida estaba buenísima y la conversación llegó con halagos y secretos de chefs, me alegró que se fuera aquella tensión del ambiente. La verdad es que los padres de Blake son muy amables, simpáticos y con salidas muy ingeniosas, todavía no sé dónde sacó esa personalidad tímida y cubierta, en la comida solo abría la boca para comer y responder con frases cortas, pero agradables y suaves a preguntas que le hacían mis padres. Ahí estaba el Blake que yo conocía, el que a mí me parecía interesante.
Después de comer y tomar la famosa tarta de queso de mi madre, nuestros padres se quedaron haciendo la sobremesa mientras que sacaban una botella de vino de reserva, cualquiera que los viera diría que son amigos de toda la vida. Como no podía dejarlo sólo invité a Blake a mi habitación el cual vacilando un poco al final acepto.
-Ponte cómodo, siéntate en la cama si quieres.
Y él , como buen perro, me obedeció sin rechistar. Ya eran las cuatro y media, faltaba una hora para que Destiny y Malai llegaran, supongo que a esa hora Blake ya se habrá ido, si no sería un poco incómodo tenerlos en la habitación.
Pasamos un rato callados, yo tenía miedo de hablarle ya que al fin y al cabo no le nombré a mis padres, una cosa muy grosera por mi parte, supongo que le habrá sentado mal, a mí por lo menos me sentaría. Su voz me sacó de mis pensamientos que en ese momento eran una auto tortura.
-¿Tan horrible soy como para no ser nombrado? ¿Acaso he hecho algo que te moleste?-noté tristeza en su voz y en su mirada gacha, era un chico sensible, más de lo que me imaginaba.
-¡No no no! ¡Ha sido todo un malentendido!-dije rápidamente intentando explicarme de mala manera.
-Entonces sí has hablado de mí con tus padres.
-Bueno... la verdad es que... no.
Volví a ver una expresión de decepción en su cara, por lo que más quería en el mundo tenía que explicarme para que no siguiera así, no puedo caer le mal a mi vecino sin casi habernos conocido.
-Escucha... no es fácil de explicar, no le hablé de ti a mis padres no porque me caigas mal o hayas hecho algo que me haya decepcionado, todo lo contrario: eres una persona muy agradable, me gusta ver tu expresión tímida cuando tu madre habla por ti; caminar contigo en silencio es muy reconfortante porque sé que no estás enfadado, si no que disfrutas de lo que tienes alrededor al igual que yo; me gusta escuchar tus salidas directas, logicas, claras, suaves e inteligentes; me gusta ver tu sonrisa que es preciosa. No se nada de ti pero aún así me siento muy bien cuando estoy a tu lado y tengo la esperanza de que poco a poco te vayas abriendo a mí y nos contemos como buenos amigos nuestras penas, pensamientos, sentimientos, alegrías y emociones. La razón por la que no le hablé de ti a tus padres es porque con la gatita, la enfermedad de mi madre, las facturas... casi no tenemos tiempo de hablar entre semana, iba a hablar de todo lo interesante que había pasado en el instituto esta semana hoy a la comida, pero apareciste de repente y no pude hacer nada. Perdona si te hice sentir mal, no era mi intención.
Blake volvía a tener esa mirada penetrante, como si me estuviera escaneando o algo por el estilo para saber si mentía, al poco tiempo se acomodó en mi cama cogiendo uno de los cojines que tenía al lado, apartó la vista de mí, y mirando a la nada dijo:
-Ahora tengo más cosas que contar de ti a mis padres.
-¿Ha...hablas de mí con tus padres?-me cogió completamente de sorpresa, creo que incluso me ruboricé un poco de la vergüenza.
-Claro, al fin y al cabo eres mi compañera de clase que está en la ventana e en frente-dijo con una sonrisa- y también la primera amiga que tengo aquí.
Eso me llegó al fondo, casi sin conocerme que ya haya decidido convertirme en su amiga me emocionó. Intenté que no se notara mucho así que me acerqué hasta la cama:
-Pues que sepas que este estilo no te va para nada, me gusta mucho más el Blake que vi estos dos días atrás-dije mientras le volvía a colocar el flequillo delante del ojo derecho- ¡Este si que es el Blake que conozco!
Sorprendido, tardó unos minutos en comprender lo que acababa de hacer y, con una sonrisa de oreja a oreja me abrazó y susurró al oído un "gracias...por comprenderme".
Justo en ese momento alguien abrió la puerta de mi habitación.
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