martes, 27 de agosto de 2013

E-L "my boyfriend is an emo?" 11

Cap.11 Volviendo a ser quien soy

El rugir de mi estómago empezó a sacarme poco a poco del maldito sueño que siempre se repetía desde hacía ya un tiempo y tenía la sensación de que se hacía realidad en el colegio. Por suerte, hoy era domingo, así que no tenía que estar obligada a ver a nadie, podía quedarme encerrada en mi habitación y aislarme del mundo sin poner ningún tipo de escusa.

Bajé a comer algo, ya que mi estómago no paraba de protestar pidiendo un poco de comida, en la casa no había nadie. Encima de la encimera, encontré una nota escrita con la letra de mi madre: "Nos vamos a visitar a los abuelos, no volveremos hasta después de cenar, si necesitas algo puedes pedírselo a los padres de Bruno, ya saben de tu estado. Esperamos que te recuperes pronto, besos de mamá y papá".

-¡Ah, es verdad!-susurré con un tono de sorpresa, aún sabiendo que estaba sola-ellos todavía piensan que estoy enferma...

A decir verdad, he faltado estos últimos días de clase poniendo la escusa de que me faltaban fuerzas y que me dolía mucho la cabeza, mis padres (que confían mucho en mí) me dejaron quedarme en casa sin ningún inconveniente. La verdad es que me siento mal por mentirle a mis padres, ya que es la primera vez que lo hago, pero me siento mucho peor si veo que todo el mundo me lanza miradas de desprecio, me insultan y me hacen ver que soy una molestia.

Miré el reloj de la cocina, eran las doce menos cuarto, terminé de beber el café que me había preparado y abrí el frigorífico en busca de algo que podría hacerme más tarde para comer. Luego subí a mi habitación e hice la cama, miré a mi escritorio y ordené todos los libros de texto que estaban amontonados en la mesa, aunque no fuera a clase, seguía la teoría en casa, ya que los exámenes se empezaban a acercar.

Después de recoger la habitación me volví a sentir vacía, últimamente me gustaba ordenar cosas, ya que me mantenía por un tiempo lejos de cualquier pensamiento del exterior. Poco a poco me estaba encerrando cada vez más en una burbuja donde nadie podría hacerme daño, pero estaba sola, aburrida y triste. Desde el incidente de la pulsera, no he vuelto a ser yo, lo que me está haciendo ver que lo que soy realmente: una persona débil.

Sin darme cuenta, unas lágrimas recorrieron mi mejilla y cayeron encima de mis manos temblorosas, "la verdad duele" pensé para mí. Unos golpecitos provenientes de mi ventana me alejaron de todo lo que pasaba por mi cabeza y la voz de Blake retumbaba las paredes de mi habitación.

-Elle, estás ahí ¿verdad?-inconscientemente, me escondía cada vez que escuchaba su voz, no quería que me viera así, ¿por qué? ¿A caso quería parecer fuerte o algo así delante de él? Toda la confianza que creía haber entablado con él se la llevó el viento antes de que pudiera darme cuenta.-Elle, no te escondas, se que estás ahí, si no me miras, lo haré yo.

¿Qué quiso decir con eso? ¿Cómo me iba a mirar si está en su habitación y yo estoy escondida? Oí los pasos de Blake alejarse de su habitación, yo bajé a por un zumo y, al llegar a las escaleras para volver a mi habitación, escuché el sonido de la puerta abrirse. 

Me giré de forma rápida y brusa, tanto que casi me caigo en las escaleras. Ahí estaba él, no importó cuanto haya huido de él, ahora mismo estaba en frente de mí, con una expresión muy seria y mirada penetrante.

-Elle... ya basta-dijo con voz profunda-¿que estás intentando conseguir escondiéndote?

Estaba petrificada, no podía hacer nada, mis ojos no se apartaban de los de Blake, ni siquiera parpadeaban, y mis labios eran incapaces de moverse para pronunciar palabra. Blake se acercó hasta que nuestros rostros quedaros a pocos centrímetros, yo me estaba poniendo muy nerviosa, tanto, que cuando él tocó mi mejilla, tuve que cerrar los ojos para no pensar en cosas raras y guardar la compostura.

Sentí un pellizco en la mejilla derecha, seguido por mí de un "Auch".

-¡Todavía hablas!-escuché decirle a Bruno.

Me sorprendí, y abrí los ojos como por acto reflejo y me quedé perdida en los ojos claros de Blake, mientras me frotaba el pómulo para aliviar el dolor que sentía. La mirada de Blake seguía siendo penetrante y muy seria, me sentía como si fuera una niña traviesa de 5 años que estaba siendo regañada por un padre exigente. Yo todavía no podía pronunciar palabra, llevábamos cinco minutos de pie enfrente uno del otro sin pronunciar palabra, lo que pareció que había desquiciado a Bruno ya que me cogió del brazo y me arrastró hacia el salón sentándose a mi lado.

-¿Qué es lo que te pasa?-empezó a preguntarme, yo solo bajé la cabeza y me quedé mirando al suelo- la verdad es que pensaba que te conocía mejor, pensaba que harías frente al problema, no que te esconderías. Sé que estos últimos días no estuviste enferma.

No podía decir nada, a decir verdad, yo antes también creía que era así, ¿pero él qué sabe cómo me siento? ¿A caso sabrá él lo que se siente al ser odiada por todo el instituto? ¿A no poder hablar con nadie porque no confían en ti? El sólo pensarlo hacía que mis lágrimas se llenaran de lágrimas.

-Tu no puedes comprenderme-dije en un hilo de voz- No sabes lo que estoy sintiendo, lo que es que nadie confíe en ti, lo que es estar sola.

-¿Acaso yo te he dejado sola?-el tono de voz de Blake parecía molesto, me volví a sorprender y negué con la cabeza- Creía que podría ayudarte, pero no sé cómo hacerlo si ni siquiera me hablas ¿he hecho algo que te haya molestado?

-¡PARA NADA!- mi tono de voz se alzó sin que yo pudiera controlarlo, el sólo pensar que él creyera que me había hecho algo malo hacía que me doliera el estómago- más bien... todo lo contrario-esas últimas palabras las dije en un hilo de voz.

El rostro de Blake contenía sorpresa y no parecía entender lo que estaba diciendo.

-A decir verdad... no quiero que te esfuerces, si me he estado alejando de ti es por tu bien, no quiero que te metas en más problemas, soy muy egoísta.

Sentí la mirada fija de Blake en mí, no pasó mucho tiempo cuando él susurró mi nombre, me giré y me dijo un golpecito en la frente.

-¡Auch! ¡Oye, eso duele!-dije frotándome la frente.

-Serás tonta- su mirada seria poco a poco se iba desvaneciendo y volvía a mostrarse como el Blake de siempre, aunque seguía hablando con tono severo- si quiero esforzarme, me esfuerzo; si quiero meterme en líos, me meto; si quiero estar contigo... pues estoy. Así que no te alejes de mí sólo porque crees que es lo mejor.

Me quede de piedra, no podía decir nada al respecto, mi mente se había quedado en blanco y mi vista se empañaba a causa de las lágrimas que caían sin parar. Blake me miró y me abrazó muy fuerte, más incluso que cuando fuimos a su escuela primaria. Yo me iba deshaciendo de mis horribles pensamientos al tiempo que mis lágrimas caían de las mejillas y terminaron cuando no pude llorar más. 

Blake seguía abrazándome, sosteniendo con firmeza mi cuerpo mientras lo pegaba al suyo, cuando terminé de llorar susurró unas pequeñas palabras a mi oído "No te preocupes, no estás sola, yo no te dejaré estarlo".

Una vez que me recuperé del interminable llanto, fui hasta el baño a lavarme la cara que estaba muy húmeda. Me miré en el espejo y pude observar mis ojos color miel que ahora estaban rojos e hinchados. Después de secarme bien y de recoger mi pelo en una coleta, volví al salón con Blake y le dejé quedarse conmigo toda la tarde.

El día fue mucho mejor de lo que esperaba, cuanto más tiempo estaba con él, más volvía mi ánimo, e incluso logró sacarme alguna que otra risa. Volvía a sentirme viva y notaba como si mi verdadera forma de ser resurgía de las cenizas que habían dejado el sentimiento de impotencia y culpabilidad.

A la hora de cenar, Blake volvió a su casa, ya que mis padres volverían pronto, pero antes de que cruzar la puerta de salida me preguntó con rostro serio:

-Mañana irás a clase ¿verdad?

Yo no dije nada y sólo baje la cabeza pensando en qué responder. Una risilla apareció en el rostro de Blake.

-Está bien, te recojo a las ocho menos cuarto.

Y, sin más, se fue a su casa. 

viernes, 16 de agosto de 2013

E-L "my boyfriend is an emo?" 10

Cap.10 Cambios

Dejé que el despertador sonara, no tenía ganas de ir al colegio, pero las amenazas que mi padre me gritaba desde el piso de abajo, hicieron que me prepara a la velocidad del rayo. Después de recoger mi cabello en una larga trenza de espiga, de ponerme una sudadera verde de Oxford que me quedaba bastante floja,unos piratas vaqueros pitillos, y unas AllStar blancas, bajé hasta la cocina a tomar el desayuno.

Con miedo, me fijé en el comportamiento de mis padres que era el de siempre: mi padre tarareaba la canción con la que conquistó a mi madre hace 20 años mientras que freía las últimas tortitas, mientras que la mujer de la casa, bajaba por las escaleras con ropa cómoda viendo las malditas facturas que siempre la deprimían. No había ninguna señal de enfado o decepción en sus rostros, por lo que deduje que todavía no habían recibido la llamada.

Mi estado de ánimo me hacía perder el apetito, por lo que no probé bocado del desayuno que mi padre me había hecho con tanta alegría. Me dolía verlos así, porque sabía que en un par de horas, recibirían una llamada del director diciendo que su hija es una ladrona. No quería decepcionarles, pero tampoco podía evitar la llamada.

Subí a mi habitación y me tumbé en cama. No tenía ganas ni de moverme, me sentía destrozada y sabía que sería rechazada por todos los compañeros de mi clase. Miré el despertador, sólo faltaba media hora para que empezaran las clases, pero no me iba a mover. Sabía que a un paso rápido podría llegar al instituto en 20 minutos, por lo que me quedaría tirada en cama diez minutos más para llegar justa a clases.El tiempo pasaba, no podía seguir tirada en cama o si no llegaría tarde, una cosa que no me importaría si no fuera porque ya estoy metida en un buen lío.

Cogí la mochila con los libros que necesitaba para hoy y salí de casa fingiendo una sonrisa para que mis padres no sospecharan. Como calculé, llegué a clase cuando sonó el timbre que anunciaba el comienzo de matemáticas. Todos mis compañeros estaba en el aula que aprovechaban los escasos minutos que faltaban para que llegara la profesora para hablar, aunque al verme, todos se quedaron en silencio, juzgándome con la mirada mientras susurraban cosas sin quitarme la vista de encima.

La profesora llegó al momento de sentarme en el pupitre. Las clases pasaron muy lentas, aburridas y agobiantes, mis compañeros pasaban notas entre sí que al leerlas, instintivamente desviaban sus miradas hacia mí. Paris no podía dejar de sonreír, estaba demasiado contenta viendo la reacción de la clase al creerse su historia de la pulsera robada. Cuanto más la veía, más claro tenía de que ella fue la que puso el brazalete en mi mochila.

Cuando acabaron las dos primeras horas, Destiny y Malai fueron hasta mi sitio a preguntarme cómo lo llevaba y si ya había llamado el director a mis padres. Eso era lo que más me aterraba, aunque el no saber cuando lo iba a hacer resultaba mucho más terrorífico.

-Toma- dijo Malai mientras me daba un paquete- las hice por la mañana, sé que te gustan mucho.

Abrí el paquetito y me encontré con unas galletitas caseras con pepitas de chocolate que todavía estaban templadas. Miré a mi amiga que me había dicho "espero que puedan animar te" y le dí un fuerte abrazo al que se unió Destiny. Esa fue la primera vez que me sentí querida en ese día, mi humor empezaba a estar mejor cuando, un alumno de otra clase me dijo que tenía que darle un paquete a nuestro tutor.

-Yo no me fiaría de ella Tomas- dijo Mariam con voz de desprecio- ¿no sabes que estás hablando con una ladrona?

La mirada de ese chico se volvió temerosa y, quitándome el paquete de las manos, me dijo que podía hacerlo él mismo. Me quedé en estado de shock, ¿había decidido darle el paquete él mismo porque no se fiaba de mí?

Poco después me dí cuenta de que el rumor se había esparcido por todo el instituto, cada vez más exagerado. Siempre que pasaba por los pasillos la gente me miraba y cuchicheaba cosas que no era capaz de escuchar, en clase me lanzaban bolas de papel intimidándome, me ponían la zancadilla cuando podían y la gente sólo me llamaba "ladrona".

Blake, Destiny y Malai tuvieron más de una pelea por intentar protegerme ya que yo, solo me quedaba callada por miedo a que me etiquetaran de otra cosa a parte de ladrona. Yo cada vez que podía me escondía de todo el mundo, incluso mis amigos, no quería hablar con nadie, solo estar conmigo misma.

Todo esto se empezó a convertir en mi rutina, mis padres no sabían nada salvo la llamada del director, que sólo fue un aviso, el cual ellos pasaron por alto al escuchar mi versión de la historia.

- Conozco a mi hija, y sé que no haría eso por mucho dinero que nos haga falta- dijo tras escuchar lo que realmente me había pasado aquel día.

Por mucho que quisiera estar sola, Destiny y Malai no me dejaban, siempre encontraban los sitios donde me escondía y si no contestaba a sus llamadas, el fijo de casa no paraba de sonar hasta que hablara con ellas

Con Blake no fue igual, él no me encontraba en el instituto y yo siempre me alejaba de él porque ya se había metido en bastantes problemas por mi culpa, todas las tardes lanzaba piedrecitas a mi ventana para que me asomara, pero siempre lo evitaba, pensaba que no podía seguir siendo su amiga si seguía metiéndolo en líos y mi forma de comportarme no era la de siempre.

Aunque, incluso evitándolo, no pude dejar de pensar en él.

viernes, 9 de agosto de 2013

E-L"my boyfriend is an emo?" 9

Cap.9 Venganza

"Ladrona" esa palabra resonaba en mi cabeza cada vez con más eco mientras me quedaba de piedra en el sitio sin poder articular palabra.

Paris lloraba cada vez más extridente y todo el mundo me fulminaba con la mirada, no se cuanto tiempo estuvo la clase callada hasta que Malai rompió el silencio.

-Creo que debe de haber un error, Elle no es una ladrona, además ¿qué se supone que ha robado?- Malai estaba muy molesta.

-Pregúntaselo a tu amiga- hablaba Mariam, una de las seguidora más fieles de Paris.

-Yo no he robado nada- hablaba con un hilo de voz, nunca me había pasado algo como esto y el miedo se estaba apoderando de mí- no sé de lo que estáis hablando.

-¡Además de ladrona, mentirosa! gritaba Mariam.

Las cosas no iban bien, por una vez deseaba que el profesor viniera más pronto que de costumbre, y así lo hizo, aunque no me esperaba su reacción.

-¿Qué pasa aquí?

Mariam iba a tomar la iniciativa de explicarle todo lo ocurrido, pero Paris la detuvo cogiéndola del brazo y empezó a hablar entre sollozos.

-Verá profesor, como sabe, Elle y yo nos quedamos un poco después en clase porque ella tenía que repartir unos papeles y yo hablar con usted-la voz entrecortada por los sollozos de Paris me estaba poniendo de los nervios- pues confiando en que nadie de esta clase iba a coger nada, dejé mi pulsera nueva de oro y diamantes encima de mi pupitre. Al volver a clase ya no estaba.

Se escuchó una voz entre la multitud que decía "y fue Elle quien la robó".

-¿Alguien tiene pruebas?- el profesor estaba muy serio.

-Profesor, Elle fue la última en salir de clase, nadie más entró-Paris iba a volver a llorar.

Nuestro tutor dirigió una mirada rápida a toda la clase que se encontraba callada hasta que terminó posándose primero en Blake, Destiny, Malai y terminó mirándome sólo a mí.

-Señorita Ritchmond, déjeme ver su mochila de deporte.

Estaba de broma ¿verdad? ¿Iba a creer la historia de Paris así sin más? Yo era una buena alumna, nunca me metía en líos y mis calificaciones era altas, al contrario que Paris ¿en serio iban a echarme la culpa de algo que no hice?

-Profesor, le juro que yo no he sido-dije aguantando la mochila con fuerza.

-He dicho que me la dé.

-Pero...-la voz chillona de Mariam me interrumpió.

"¿Lo veis? ¡Es una ladrona! ¿Por qué no le quieres dar la mochila Elle? ¡Te hemos pillado!". Le lancé una mirada de odio a Mariam mientras le tiraba mi mochila de E.F. al pecho del tutor, que empezó a abrir todos los bolsillos y a vaciar todo lo que contenía la bolsa.

-Ya verá como no encontrará nada-comentó Destiny, mientras que el profesor palpaba la mochila por si había algún bolsillo que no había visto.

Poco tiempo después el profesor volvió a colocar todas mis cosas dentro de la bolsa, pues no había encontrado la pulsera. Mariam, llena de rabia, no se rindió y se dirigió directamente hacia mi pupitre mientras decía en tono alto:

-Elle, tú a mi no me engañas, estoy segura de que la has escondido por...-no terminó su frase, una sonrisilla maliciosa apareció en su rostro mientras sujetaba victoriosamente la pulsera de oro y diamantes-¿qué me dices a esto, Ritchmond?

Todo el mundo se puso a su alrededor, Paris había dejado de llorar y hacía algún sollozo fingido. El profesor se hacía paso entre los alumnos con dificultades y, cuando llegó junto a Mariam le preguntó dónde la había encontrado.

-En el bolsillo pequeño de la mochila de Elle-dijo con tono inocente mientras señalaba dicho bolsillo que estaba medio abierto- al parecer, con las prisas, se le olvidó cerrar bien el bolsillo.

-Yo no lo he metido ahí-dije intentando defenderme de todas las miradas que me acusaban- en serio, no sé como llegó la pulsera hasta ahí, pero no la cogí, ni siquiera me gusta.

-Pero si se vende, te pueden dar mucho dinero- la voz de Robert apareció detrás de mí, había escuchado toda la conversación y al girar, pude ver que alumnos de otras clases también asomaban la cabeza para saber lo que pasaba- y todos sabemos que tu familia no está pasando la mejor etapa económica ¿verdad?

Blake no le dio tiempo a decir nada más, cogió a Robert por el cuello de la camisa amenazándolo, advirtiéndole que no se metiera ni conmigo ni con mi familia, sus ojos desprendían mucha ira. Tuve que separarlo antes de que el profesor lo hiciera y terminara con un castigo por mi culpa. "No vale la pena" le dije intentando contener todas mis emociones y haciendo como si no pasara nada.

Pero eso me sentó como una puñalada en la espalda, intentaba dejar los problemas de casa fuera del instituto y la mayor parte de la gente no sabía mi situación económica. Con eso, Paris tenía todas las de ganar, ¿qué podía decir al respecto? No tenía pruebas, y el estómago estaba empezando a dolerme de los nervios que poco a poco se transformaban en pánico. 

El profesor fue hasta donde yo estaba y me llevó a la sala de profesores donde podría hablar con él a solas. Una vez allí se sentó y esperó a que yo diera mi versión de los hechos.

-Verá, profesor, no sé como ha llegado la pulsera hasta mi mochila, pero le juro que no he robado la pulsera, una vez que me dio los papeles los repartí por los pupitres y luego me fui corriendo hacia educación física, nada más. No estoy mintiendo, yo...- pero me interrumpió.

-¿La pulsera estaba cuando te fuiste?-me preguntó muy serio.

-Sí.

-¿Y cuando llegaste?

-No. ¡Pero fui de las últimas en llegar con Blake, Destiny y Malai! ¡Cualquiera pudo haberla robado!

-Pero la pulsera apareció en tu mochila, no el la de cualquiera.

-¿Está diciendo que fui yo la que la robó?

-Eres una buena alumna, Elle, y esto me está sorprendiendo a mí sobretodo, pero hasta que no se demuestre lo contrario, eres culpable del robo de la pulsera.

-Pero, profesor...

-Ahora vete, tengo que hablar con el director para que llame a tus padres.

-¿¡Mis padres!? ¡No puede hacer eso! por favor, ¡no les diga nada! ¡Ya tienen bastantes problemas como para que les diga que robé cuando no es cierto!

-Elle, tengo que decírselo, es mi deber, y aunque me diga que no la ha robado, mientras que no tengas pruebas, eres culpable, no intentes arreglar nada, haberlo pensado mejor antes de actuar.

-Pero...

-Ve a clase inmediatamente.

No lo podía creer, ¿a esto se refería Paris cuando me dijo por la mañana que se iba a vengar por el té derramado sobre su top? No lo aguantaba, el rumor ya había llegado hasta a los pequeños de primero y todo el mundo cuando me veían, me señalaba y empezaban a murmurar cosas. "Aguanta Elle, aguanta" me decía a mí misma.

Destiny y Malai llegaron hasta donde estaba y me abrazaron nada más verme.

-Te hemos buscado por todas partes, ¿cómo estás?-dijo Malai que seguía abrazándome, yo aguantaba las lágrimas cómo podía, no le iba a dar el gusto a Paris de hacerme  llorar.

-¿Qué te dijo el tutor?- Destiny me acariciaba la cabeza, era un gesto que siempre me reconfortaba cuando estaba mal y que lo hacía desde que éramos pequeñas, esa vez no tuvo el mismo efecto.

-Han creído a Paris, va a hablar con el director y luego llamarán a mis padres, no me creen, no tengo pruebas de que no hice nada- el labio me empezaba a temblar, tenía que controlarme o si no las lágrimas saldrían solas.

-Nosotras te creemos, cualquier cosa en la que esté implicada Paris es falsa, sabemos que no eres una ladrona- dijo Destiny

-¡Si, y Blake también!-dijo Malai intentando animarme y haciéndome ver que no estaba sola.

En ese momento, el rey de Roma apareció detrás de Malai y Destiny, con cara sombría mirando al suelo. Mis amigas se separaron, Blake me cogió del brazo y me llevó hasta la azotea del instituto, un sitio que estaba prohibido para los alumnos. Allí se aseguró de que no había nadie, la brisa le apartó el pelo de la cara, se giró para hablarme.

-Ven-dijo mientras me extendía un brazo para que me acercara.

Fui lentamente hacia donde estaba y, cuando me encontraba a poca distancia de él, me volvió a coger por el brazo y me empujó contra su pecho.

-Deja de aguantar-me susurró al oído- aquí nadie te verá llorar.

Y no pude más, continuas lágrimas escapaban de mis ojos, resbalaban por las mejillas  y terminaban su trayecto mojando la camiseta de Blake que me abrazaba en silencio mientras yo soltaba todo lo que había contenido desde la mañana: furia, odio, inseguridad...

No sé cuanto tiempo estuve llorando, pero cuando me calmé no quería volver a clase: todo el mundo me despreciaría o murmurarían cosas que no eran ciertas. Estar con Blake me hacía sentir un poco mejor, pero incluso sus abrazos, que siempre eran tan reconfortantes y dulces, esta vez me hacían sentir medio llena: una parte estaba feliz por estar a su lado, pero otra parte estaba pensando en lo que sucedería después, en cómo me verían mis padres, en el castigo que le pondría su tutor, en cómo demostraría que ella no era culpable.

Blake, al mirarme, pudo saber en lo que pensaba, ya que así sin más me dijo:

-No te preocupes, no pienses en lo que vendrá más adelante si no que tienes que disfrutar cada momento del presente. Aunque veas las cosas difíciles, siempre estaré aquí-dijo mientras me mostraba una de las sonrisas más dulces que había visto nunca.

Lo volví a abrazar, tan fuerte como pude, quería ser positiva y él e daba la fuerza que necesitaba para serlo. Nos perdimos las últimas dos clases de por la mañana, Blake había bajado a la cafetería y me había comprado un refresco, pues después de calmarme, volví a sentir el calor que había. Cuando vimos que la gente se iba, fui hasta el aula que se encontraba vacía, cogí la mochila y me fui con Destiny, Malai y Blake a casa.

lunes, 5 de agosto de 2013

E-L "my boyfriend is an emo?" 8

Cap.8 Confianza


El lunes llegó muy caluroso. Me levanté a las 7 empapada en sudor, después de una buena ducha recogí el pelo en una coleta alta, me puse una camisa blanca de mangas tres cuartos, unos vaqueros cortos y unas sandalias negras. Bajé a desayunar algo, con tanto calor no tenía mucha hambre pero agradecí un buen vaso de batido de frutas que me sacó mi padre fresquito del frigorífico y le añadió una piedra de hielo.

-Elle, con eso se te va a congelar el cerebro-dijo mi madre mientras veía lo rápido que me bebía el batido.

-Ya se fundirá con el calor de clase-dije mientras me limpiaba la boca y cogía la mochila con los libros.

Me despedí de mis padres y salí de casa, esperando ver salir también a Blake, decidí esperar un poco para no ir al instituto sola. El tiempo pasaba y él no salía por lo que empecé a caminar sin ningún ánimo: me sentía vacía sin verlo al lado, me estaba acostumbrando a su compañía mucho más rápido de lo que me imaginaba.

A mitad del camino, un Citroen C3 negro me pitó y se acercó a la acera, una vez que el copiloto bajó la ventanilla del coche pude ver que se trataban de los padres de Blake,el cual iba sentado en el asiento trasero detrás de su padre.

-Buenos días Elle- me saludaron los padres de Blake.

-Buenos días-les respondí con educación, la mirada se me desviaba hacia el asiento donde estaba sentado su hijo, que me había saludado con un movimiento de mano al que respondí con una sonrisa.

-Vas para el colegio ¿cierto? Súbete que te llevamos-dijo con energía María.

-¡Oh, no! No hace falta, no quiero molestar.

-¡Tonterías! También tenemos que llevar a Bruno, así que no nos cuesta nada llevarte a ti- contestó Joe.

Decidí montarme, me senté detrás del asiento de María y el padre de Blake volvió a arrancar. Estaba nerviosa, no sabía si quedarme callada o iniciar un tema de conversación, aunque... ¿De qué podría hablar? Miré de reojo a Blake y me fijé en como vestía: llevaba una camiseta de tirantes a rayas negras y rosas que dejaban ver sus brazos bastante musculados, unos pantalones largos de tubo negros y unas Vans rosas.

El camino al final terminó sin pronunciarse ni una sola palabra, aunque era mucho mejor que ir andando porque estaba acompañada y el coche llevaba puesto el climatizador, por lo que íbamos fresquitos.

Al bajar del vehículo, muchas miradas se posaron en Blake y en mí, pero yo hice como si no lo notara, me despedí de los padres y les agradecí que me llevaran hasta el instituto, antes de que pudiera dar un paso en dirección al edificio, María me detuvo.

-Escucha Elle, ¿podrías decirle a tus padres que vinieran a comer a casa y pasar el día cómo aquella vez? Si aceptan diles que nos llamen, aquí tienes el número de casa- me dijo con una sonrisa mientras me daba un papel pequeño- ¡Ah! Y una cosa más: cuida a Bruno, no queremos que se meta en líos.

-Lo haré, las dos cosas-dije mientras me despedía riendo.

Blake me estaba esperando a la sombra del árbol más cercano, cuando llegué hasta donde estaba, empezó a hablar como si no hubiera tenido contacto humano desde hace tiempo.

-¿Qué es lo que te dijeron mis padres?-preguntó con curiosidad.

-Nada fundamental, cosas de mujeres- dije haciéndome la importante- no te sorprendas si me ves el sábado por tu casa-me costaba mantenerme seria ya que me moría de risa por dentro.

La cara de incomprensión de Blake no tenía precio, no se había enterado de nada y le impresionó que cambiara tan rápido de conversación, no aguanté más y empecé a reírme como una loca. Desde que me había contado como era de pequeño sentía que había más confianza entre nosotros. Blake estaba avergonzado, con la cara colorada e, intentando que parase de reír, enrolló su brazo en mi cuello y me tapó la boca y parte de la nariz, yo estaba forcejeando ya que me estaba costando respirar, a lo que él con tono burlón me dijo:

-Molesta ¿verdad? si paras de reírte te suelto- yo dejé de moverme- ¿aceptas el trato?- y asentí con la cabeza.

Poco a poco la mano de Blake se iba alejando de mi boca y, cuando estuvo lo suficientemente lejos empecé a partirme de risa mientras que corría para que no me tapase la boca otra vez. "Traidora" le escuché gritar mientras veía que me perseguía, Blake era más rápido que yo, pero le llevaba algo de ventaja y subí las escaleras principales de tres en tres con mucha facilidad, lo que no me esperaba era tropezarme con Paris.

Al chocar, conseguí aguantar el equilibrio, una cosa que ella no logró y calló de culo al suelo, cayéndole todo el té frío de color rojo por encima del top con lentejuelas que ahora estaba empapado y le traspasaba la ropa. Todo el mundo se quedó en silencio y empezó a hacer un corro alrededor de nosotras, la cara de Paris estaba completamente roja y sus ojos desprendían tal furia que pensé que iba a matarme.

-¡TU!-dijo en un grito señalándome- ¡¿COMO TE ATREVES A HACERME ESTO?! ¡¿A QUE ESTAS JUGANDO?!

Todo el mundo me miraba esperando una respuesta, me quedé quieta mirándola, había sido un accidente pero me estaba encantando la vergüenza que pasaba.

-No lo hice a propósito-dije sin darle mucha importancia- abre tu taquilla y coge otro top, tienes donde escoger-dije con mirada de desprecio.

Paris se levantó difícilmente porque la suela de los tacones le resbalaban, cuando estuvo en frente de mí dijo:

-No te creas que te vas a salir con la tuya, yo nunca pierdo.

Blake estaba en la entrada viéndolo todo, yo seguía sin moverme, con los puños apretados aguantando las ganas de pegarle un puñetazo en toda la cara. Paris se fue en busca de ropa seca y los estudiantes que formaban el corro se fueron cada uno por su lado.

Todavía apretaba los puños, no podía dejar de imaginarme la cara de esa engreída sin un moratón en el ojo, Blake se acercó a donde estaba, puso una mano en mi hombro derecho y me dijo al oído "déjala, no vale la pena". Poco a poco conseguí calmarme, Blake estuvo conmigo hasta que llegaron Malai y Destiny muy preocupadas preguntando lo que me había pasado.

-Lo hemos escuchado por casualidad, todo el mundo está hablando de ello - comentó Destiny.

-¿En serio se le calló todo el té por encima?-Malai no paraba de reír- ¡daría lo que fuera por ver eso!

Blake se fue a la cafetería despidiéndose de nosotras y diciéndonos que nos veríamos en clase, cuando estuvo lo suficientemente lejos para que no escuchara nada, Destiny y Malai se miraron con complicidad y se sentaron rápidamente, una a la derecha y otra a la izquierda, y con una sonrisilla empezaron a hablar con tono malicioso:

-Bueno, bueno Elle... dinos, ¿qué tal ayer sola con Blake?-empezó Malai

Me sorprendí y empecé a sonrojarme, estaba claro que Malai y Destiny iban a pensar de manera incorrecta así que antes de que se imaginaran cosas extrañas empecé a decir todo lo que habíamos hecho el día anterior:

-¡No penséis nada raro! Visitamos pueblo Caelestis entero fijándonos en puntos turísticos: una fuente que concede deseos, enormes prados, un bosque precioso con un magnífico roble en el corazón, su escuela primaria- al escuchar lo último me interrumpieron.

-¿Fuiste a su escuela? ¿Pero no estaba cerrada?-preguntó Destiny.

-Saltamos la valla-dije sin darle mucha importancia- aunque estaba un poco preocupada por si nos veían.

Malai no paraba de reír mirándome irónicamente:

-Aiiiiinsh Elle, Elle-dijo mientras ponía una mano en mi hombro izquierdo- ya empiezas a hacer tonterías por un chico.

-¡NO FUERON TONTERIAS!-lo dije demasiado alto, todo el mundo que pasaba por ahí se quedó parado mirándome, no era común que gritara.

Avergonzada de mí misma, cogí a mis amigas por los brazos y las llevé a un sitio donde me aseguré de que no había nadie  y les dije rápidamente, ahora casi susurrando:

-No ha sido ninguna tontería, estando allí Blake se abrió a mí y pude saber más cosas de  su pasado- Malai y Destiny se quedaron con la boca abierta, iban a atosigarme de preguntas pero me salvé por la campana que anunciaba el inicio de las clases.

A tercera hora había sesión de estudio y un conserje fue hasta nuestra clase para avisar que a esa hora teníamos que recuperar una clase de educación física y le entregó un pequeño paquete a Paris, que lo cogió orgullosamente mientras se pavoneaba de tener algo que los demás seguramente no se podían permitir. Abrió el paquete en medio de clase mientras todos metíamos las cosas necesarias para educación física en una mochila pequeña y, alzando un brazo se convirtió en el centro de atención de la clase: en la mano sostenía una fina pulsera de oro de la que le colgaban diversos diamantes en formas de lágrimas, todas las chicas se acercaban para verlo más de cerca mientras que los chicos comentaban cuanto podría costar eso.

El tutor entró en clase mandando salir a todos los alumnos excepto a Paris y a mí que me dio unos papeles mientras se llevaba a hablar a Paris, que dejó la pulsera dentro de la caja encima de su pupitre.

Terminé rápidamente y me fui al gimnasio, la clase fue como otra cualquiera, aunque más agotadora debido a el calor que hacía ese día. Como fui una de las últimas en llegar el profesor me mandó recoger todo el material que habíamos usado (tenía que reconocerlo, me tenía manía porque Paris llegó más tarde que yo y no le dijo nada). Cuando terminé de recoger todo el mundo ya se había ido excepto Malai, Destiny y Blake que se quedaron a esperarme.

Al llegar a clase todo fue muy extraño: escuchaba unos sollozos que pronto pude ver que venían de Paris, lo que no me importó mucho, pero me extrañaba que llorase, al fin y al cabo antes de ir a educación física estaba chuleándose de que le acababan de dar una pulsera supercara.

-¿Qué pasa?-pregunté extrañada.

Todas las miradas se posaron en mí rápidamente, con mucho recelo y alguna incluso odio. Tras preguntar, el sollozo de Paris se había convertido en llanto y una voz que no pude saber de donde provenía me gritó:

-Mira lo que has conseguido, ¡LADRONA!