Cap.10 Cambios
Dejé que el despertador sonara, no tenía ganas de ir al colegio, pero las amenazas que mi padre me gritaba desde el piso de abajo, hicieron que me prepara a la velocidad del rayo. Después de recoger mi cabello en una larga trenza de espiga, de ponerme una sudadera verde de Oxford que me quedaba bastante floja,unos piratas vaqueros pitillos, y unas AllStar blancas, bajé hasta la cocina a tomar el desayuno.Con miedo, me fijé en el comportamiento de mis padres que era el de siempre: mi padre tarareaba la canción con la que conquistó a mi madre hace 20 años mientras que freía las últimas tortitas, mientras que la mujer de la casa, bajaba por las escaleras con ropa cómoda viendo las malditas facturas que siempre la deprimían. No había ninguna señal de enfado o decepción en sus rostros, por lo que deduje que todavía no habían recibido la llamada.
Mi estado de ánimo me hacía perder el apetito, por lo que no probé bocado del desayuno que mi padre me había hecho con tanta alegría. Me dolía verlos así, porque sabía que en un par de horas, recibirían una llamada del director diciendo que su hija es una ladrona. No quería decepcionarles, pero tampoco podía evitar la llamada.
Subí a mi habitación y me tumbé en cama. No tenía ganas ni de moverme, me sentía destrozada y sabía que sería rechazada por todos los compañeros de mi clase. Miré el despertador, sólo faltaba media hora para que empezaran las clases, pero no me iba a mover. Sabía que a un paso rápido podría llegar al instituto en 20 minutos, por lo que me quedaría tirada en cama diez minutos más para llegar justa a clases.El tiempo pasaba, no podía seguir tirada en cama o si no llegaría tarde, una cosa que no me importaría si no fuera porque ya estoy metida en un buen lío.
Cogí la mochila con los libros que necesitaba para hoy y salí de casa fingiendo una sonrisa para que mis padres no sospecharan. Como calculé, llegué a clase cuando sonó el timbre que anunciaba el comienzo de matemáticas. Todos mis compañeros estaba en el aula que aprovechaban los escasos minutos que faltaban para que llegara la profesora para hablar, aunque al verme, todos se quedaron en silencio, juzgándome con la mirada mientras susurraban cosas sin quitarme la vista de encima.
La profesora llegó al momento de sentarme en el pupitre. Las clases pasaron muy lentas, aburridas y agobiantes, mis compañeros pasaban notas entre sí que al leerlas, instintivamente desviaban sus miradas hacia mí. Paris no podía dejar de sonreír, estaba demasiado contenta viendo la reacción de la clase al creerse su historia de la pulsera robada. Cuanto más la veía, más claro tenía de que ella fue la que puso el brazalete en mi mochila.
Cuando acabaron las dos primeras horas, Destiny y Malai fueron hasta mi sitio a preguntarme cómo lo llevaba y si ya había llamado el director a mis padres. Eso era lo que más me aterraba, aunque el no saber cuando lo iba a hacer resultaba mucho más terrorífico.
-Toma- dijo Malai mientras me daba un paquete- las hice por la mañana, sé que te gustan mucho.
Abrí el paquetito y me encontré con unas galletitas caseras con pepitas de chocolate que todavía estaban templadas. Miré a mi amiga que me había dicho "espero que puedan animar te" y le dí un fuerte abrazo al que se unió Destiny. Esa fue la primera vez que me sentí querida en ese día, mi humor empezaba a estar mejor cuando, un alumno de otra clase me dijo que tenía que darle un paquete a nuestro tutor.
-Yo no me fiaría de ella Tomas- dijo Mariam con voz de desprecio- ¿no sabes que estás hablando con una ladrona?
La mirada de ese chico se volvió temerosa y, quitándome el paquete de las manos, me dijo que podía hacerlo él mismo. Me quedé en estado de shock, ¿había decidido darle el paquete él mismo porque no se fiaba de mí?
Poco después me dí cuenta de que el rumor se había esparcido por todo el instituto, cada vez más exagerado. Siempre que pasaba por los pasillos la gente me miraba y cuchicheaba cosas que no era capaz de escuchar, en clase me lanzaban bolas de papel intimidándome, me ponían la zancadilla cuando podían y la gente sólo me llamaba "ladrona".
Blake, Destiny y Malai tuvieron más de una pelea por intentar protegerme ya que yo, solo me quedaba callada por miedo a que me etiquetaran de otra cosa a parte de ladrona. Yo cada vez que podía me escondía de todo el mundo, incluso mis amigos, no quería hablar con nadie, solo estar conmigo misma.
Todo esto se empezó a convertir en mi rutina, mis padres no sabían nada salvo la llamada del director, que sólo fue un aviso, el cual ellos pasaron por alto al escuchar mi versión de la historia.
- Conozco a mi hija, y sé que no haría eso por mucho dinero que nos haga falta- dijo tras escuchar lo que realmente me había pasado aquel día.
Por mucho que quisiera estar sola, Destiny y Malai no me dejaban, siempre encontraban los sitios donde me escondía y si no contestaba a sus llamadas, el fijo de casa no paraba de sonar hasta que hablara con ellas
Con Blake no fue igual, él no me encontraba en el instituto y yo siempre me alejaba de él porque ya se había metido en bastantes problemas por mi culpa, todas las tardes lanzaba piedrecitas a mi ventana para que me asomara, pero siempre lo evitaba, pensaba que no podía seguir siendo su amiga si seguía metiéndolo en líos y mi forma de comportarme no era la de siempre.
Aunque, incluso evitándolo, no pude dejar de pensar en él.
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