martes, 27 de agosto de 2013

E-L "my boyfriend is an emo?" 11

Cap.11 Volviendo a ser quien soy

El rugir de mi estómago empezó a sacarme poco a poco del maldito sueño que siempre se repetía desde hacía ya un tiempo y tenía la sensación de que se hacía realidad en el colegio. Por suerte, hoy era domingo, así que no tenía que estar obligada a ver a nadie, podía quedarme encerrada en mi habitación y aislarme del mundo sin poner ningún tipo de escusa.

Bajé a comer algo, ya que mi estómago no paraba de protestar pidiendo un poco de comida, en la casa no había nadie. Encima de la encimera, encontré una nota escrita con la letra de mi madre: "Nos vamos a visitar a los abuelos, no volveremos hasta después de cenar, si necesitas algo puedes pedírselo a los padres de Bruno, ya saben de tu estado. Esperamos que te recuperes pronto, besos de mamá y papá".

-¡Ah, es verdad!-susurré con un tono de sorpresa, aún sabiendo que estaba sola-ellos todavía piensan que estoy enferma...

A decir verdad, he faltado estos últimos días de clase poniendo la escusa de que me faltaban fuerzas y que me dolía mucho la cabeza, mis padres (que confían mucho en mí) me dejaron quedarme en casa sin ningún inconveniente. La verdad es que me siento mal por mentirle a mis padres, ya que es la primera vez que lo hago, pero me siento mucho peor si veo que todo el mundo me lanza miradas de desprecio, me insultan y me hacen ver que soy una molestia.

Miré el reloj de la cocina, eran las doce menos cuarto, terminé de beber el café que me había preparado y abrí el frigorífico en busca de algo que podría hacerme más tarde para comer. Luego subí a mi habitación e hice la cama, miré a mi escritorio y ordené todos los libros de texto que estaban amontonados en la mesa, aunque no fuera a clase, seguía la teoría en casa, ya que los exámenes se empezaban a acercar.

Después de recoger la habitación me volví a sentir vacía, últimamente me gustaba ordenar cosas, ya que me mantenía por un tiempo lejos de cualquier pensamiento del exterior. Poco a poco me estaba encerrando cada vez más en una burbuja donde nadie podría hacerme daño, pero estaba sola, aburrida y triste. Desde el incidente de la pulsera, no he vuelto a ser yo, lo que me está haciendo ver que lo que soy realmente: una persona débil.

Sin darme cuenta, unas lágrimas recorrieron mi mejilla y cayeron encima de mis manos temblorosas, "la verdad duele" pensé para mí. Unos golpecitos provenientes de mi ventana me alejaron de todo lo que pasaba por mi cabeza y la voz de Blake retumbaba las paredes de mi habitación.

-Elle, estás ahí ¿verdad?-inconscientemente, me escondía cada vez que escuchaba su voz, no quería que me viera así, ¿por qué? ¿A caso quería parecer fuerte o algo así delante de él? Toda la confianza que creía haber entablado con él se la llevó el viento antes de que pudiera darme cuenta.-Elle, no te escondas, se que estás ahí, si no me miras, lo haré yo.

¿Qué quiso decir con eso? ¿Cómo me iba a mirar si está en su habitación y yo estoy escondida? Oí los pasos de Blake alejarse de su habitación, yo bajé a por un zumo y, al llegar a las escaleras para volver a mi habitación, escuché el sonido de la puerta abrirse. 

Me giré de forma rápida y brusa, tanto que casi me caigo en las escaleras. Ahí estaba él, no importó cuanto haya huido de él, ahora mismo estaba en frente de mí, con una expresión muy seria y mirada penetrante.

-Elle... ya basta-dijo con voz profunda-¿que estás intentando conseguir escondiéndote?

Estaba petrificada, no podía hacer nada, mis ojos no se apartaban de los de Blake, ni siquiera parpadeaban, y mis labios eran incapaces de moverse para pronunciar palabra. Blake se acercó hasta que nuestros rostros quedaros a pocos centrímetros, yo me estaba poniendo muy nerviosa, tanto, que cuando él tocó mi mejilla, tuve que cerrar los ojos para no pensar en cosas raras y guardar la compostura.

Sentí un pellizco en la mejilla derecha, seguido por mí de un "Auch".

-¡Todavía hablas!-escuché decirle a Bruno.

Me sorprendí, y abrí los ojos como por acto reflejo y me quedé perdida en los ojos claros de Blake, mientras me frotaba el pómulo para aliviar el dolor que sentía. La mirada de Blake seguía siendo penetrante y muy seria, me sentía como si fuera una niña traviesa de 5 años que estaba siendo regañada por un padre exigente. Yo todavía no podía pronunciar palabra, llevábamos cinco minutos de pie enfrente uno del otro sin pronunciar palabra, lo que pareció que había desquiciado a Bruno ya que me cogió del brazo y me arrastró hacia el salón sentándose a mi lado.

-¿Qué es lo que te pasa?-empezó a preguntarme, yo solo bajé la cabeza y me quedé mirando al suelo- la verdad es que pensaba que te conocía mejor, pensaba que harías frente al problema, no que te esconderías. Sé que estos últimos días no estuviste enferma.

No podía decir nada, a decir verdad, yo antes también creía que era así, ¿pero él qué sabe cómo me siento? ¿A caso sabrá él lo que se siente al ser odiada por todo el instituto? ¿A no poder hablar con nadie porque no confían en ti? El sólo pensarlo hacía que mis lágrimas se llenaran de lágrimas.

-Tu no puedes comprenderme-dije en un hilo de voz- No sabes lo que estoy sintiendo, lo que es que nadie confíe en ti, lo que es estar sola.

-¿Acaso yo te he dejado sola?-el tono de voz de Blake parecía molesto, me volví a sorprender y negué con la cabeza- Creía que podría ayudarte, pero no sé cómo hacerlo si ni siquiera me hablas ¿he hecho algo que te haya molestado?

-¡PARA NADA!- mi tono de voz se alzó sin que yo pudiera controlarlo, el sólo pensar que él creyera que me había hecho algo malo hacía que me doliera el estómago- más bien... todo lo contrario-esas últimas palabras las dije en un hilo de voz.

El rostro de Blake contenía sorpresa y no parecía entender lo que estaba diciendo.

-A decir verdad... no quiero que te esfuerces, si me he estado alejando de ti es por tu bien, no quiero que te metas en más problemas, soy muy egoísta.

Sentí la mirada fija de Blake en mí, no pasó mucho tiempo cuando él susurró mi nombre, me giré y me dijo un golpecito en la frente.

-¡Auch! ¡Oye, eso duele!-dije frotándome la frente.

-Serás tonta- su mirada seria poco a poco se iba desvaneciendo y volvía a mostrarse como el Blake de siempre, aunque seguía hablando con tono severo- si quiero esforzarme, me esfuerzo; si quiero meterme en líos, me meto; si quiero estar contigo... pues estoy. Así que no te alejes de mí sólo porque crees que es lo mejor.

Me quede de piedra, no podía decir nada al respecto, mi mente se había quedado en blanco y mi vista se empañaba a causa de las lágrimas que caían sin parar. Blake me miró y me abrazó muy fuerte, más incluso que cuando fuimos a su escuela primaria. Yo me iba deshaciendo de mis horribles pensamientos al tiempo que mis lágrimas caían de las mejillas y terminaron cuando no pude llorar más. 

Blake seguía abrazándome, sosteniendo con firmeza mi cuerpo mientras lo pegaba al suyo, cuando terminé de llorar susurró unas pequeñas palabras a mi oído "No te preocupes, no estás sola, yo no te dejaré estarlo".

Una vez que me recuperé del interminable llanto, fui hasta el baño a lavarme la cara que estaba muy húmeda. Me miré en el espejo y pude observar mis ojos color miel que ahora estaban rojos e hinchados. Después de secarme bien y de recoger mi pelo en una coleta, volví al salón con Blake y le dejé quedarse conmigo toda la tarde.

El día fue mucho mejor de lo que esperaba, cuanto más tiempo estaba con él, más volvía mi ánimo, e incluso logró sacarme alguna que otra risa. Volvía a sentirme viva y notaba como si mi verdadera forma de ser resurgía de las cenizas que habían dejado el sentimiento de impotencia y culpabilidad.

A la hora de cenar, Blake volvió a su casa, ya que mis padres volverían pronto, pero antes de que cruzar la puerta de salida me preguntó con rostro serio:

-Mañana irás a clase ¿verdad?

Yo no dije nada y sólo baje la cabeza pensando en qué responder. Una risilla apareció en el rostro de Blake.

-Está bien, te recojo a las ocho menos cuarto.

Y, sin más, se fue a su casa. 

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