Cap.12 Plan
Cuando la luz del sol empezaba a filtrarse por las rejas de las persianas, sentí como alguien estaba moviéndome para que me despertara. Poco a poco fui abriendo los ojos hasta que pude ver claramente la cara de Blake.
-Al fin despiertas, pensaba que iba a tener que usar esto-dijo sonriente mientras alzaba un cubo de plástico vacío.
Me quedé unos momentos con la mente en blanco, sin poder reaccionar. Luego me di cuenta de que mi vecino estaba en mi habitación, intentando despertarme, mientras veía mi cara dormida y mi pijama (que para qué engañarse, es bastante infantil) eso no era normal.
Lo único que hice fue gritar, mi mente no pudo pensar en otra cosa más eficaz. Blake por poco cae del susto a la vez que mi padre abría la puerta de mi habitación alarmado.
-¡Elle! ¿Qué pasa?
Yo tenía los ojos desorbitados, ¿por qué mi padre no se sorprendía al ver a un chico que ni siquiera es de mi familia y al que casi ni conocen en mi habitación a las siete menos cuarto de la mañana? Estaba tan asombrada de todo lo que pasaba que ni siquiera podía vocalizar bien: hacía gestos señalando mucho a Blake y a la habitación mientras intentaba, de alguna forma, pronunciar palabra.
Tras ir pensando y adivinando lo que quería decir como en un juego de mímica, mi padre pudo despejar mis dudas.
-¡Ah! Es que tu madre y yo tenemos que ir al médico por unas revisiones muy importantes y le pedimos a Blake que viniera para que te acompañe, por si te vuelves a encontrar mal o algo- dijo completamente despreocupado, luego miró el reloj y añadió- ¡Cielos, es tardísimo! Chicos, tened un buen día en el colegio.
Se acercó y me dio un beso en la frente, momentos después salió corriendo de la habitación mientras se ponía una chaqueta y llamaba a mi madre para que le cogiera las llaves del coche. Escasos minutos después mis padres se fueron dejándonos a Blake y a mí solos. Nos quedamos mirando unos momentos, y cuando me dí cuenta de que seguía en pijama, lo saqué de mi habitación arrastrándolo fuera mientras le decía que no podía entrar en el cuarto de una chica cómo lo había hecho.
Abrí el grifo y dejé que saliera un buen chorro de agua helada por la alcachofa, tenía que asegurarme de que toda esa locura no había sido un sueño. Mi cara todavía estaba roja de la vergüenza, aunque tanto Blake como mi padre lo tomaron como una cosa bastante normal.
Me puse una blusa color salmón con unos pantalones cortos beige junto con unas romanas claras, el pelo lo recogí en una coleta baja que caía por mi hombro derecho. Puse todos los libros que necesitaba en la mochila y bajé a la cocina donde estaba Blake leyendo el periódico que mi padre había dejado encima de la mesa junto con mi desayuno. Me senté a su lado y empecé a untar un poco de mantequilla en una tostada que aún estaba algo caliente, cuando me dedicaba a comerla, Blake me preguntó bastante serio:
-¿Qué tal estás?
Vacilé antes de contestar, con todo lo que me había pasado casi no tuve tiempo de pensar en Paris, el instituto y la pulsera.
-Bien- mi tono no era muy convincente, pero ni siquiera yo sabía como me sentía en ese momento.
No me dijo nada más, sólo se quedó sentado, mirando por la ventana que daba al jardín mientras esperaba a que terminara de desayunar.
Una vez lista, cargué la mochila a mi espalda y salimos de camino a la escuela.
Esa mañana, el sol brillaba con poca intensidad, y el ambiente era más húmedo de lo normal, mientras caminábamos me iba fijando cómo iba vestido Blake: iba con una camiseta me manga corta de rayas finas blancas y negras, unos pantalones negros de tubo, unas All Star negras algo desgastadas y unos guantes sin dedos rojos. Parecía que se había echado un poco más de pintura de lo normal.
Al llegar a la puerta principal del instituto vi como dos figuras femeninas y delgadas venían corriendo hacia donde me encontraba. Cuando estaban a unos 7 metros, pude ver que se trataban de Destiny y Malai que se abalanzaron contra mí en un gran abrazo. En ese momento sentí una gran calidez al ver que, como había dicho Blake, había gente que se preocupaba por mí y que no estaba sola. Cuando se despegaron de mí, miré rápìdamente a Blake, que estuvo mirándonos todo el rato y, cuando nuestras miradas se cruzaron, le sonreí haciéndole entender que tenía razón.
Me sentía más fuerte, ahora no me encontraba tan deprimida y tenía la sensación de que poco a poco volvía a ser yo misma. Lo había decidido, iba a aclarar las cosas y a destapar, de una vez por todas, la verdad. Ya no me daba tanto miedo enfrentarme a Paris.
En cuanto llegué al pasillo principal, todo el barullo se convirtó en un intenso silencio acompañado de miradas fijas en cada paso que daba decididamente hasta mi clase.
A mitad de camino, una chica cogió a Blake por el brazo y se lo llevó a un rincón donde estuvieron murmurando cosas, yo iba a seguir con Malai y Destiny, pero él corrió hasta donde estaba, me cogió por los hombros, y me llevó hasta las escaleras donde me escondía en los recreos, antes de fingir que estaba enferma. Allí se encontraba la chica con la que Blake estaba hablando antes. Era una muchacha de nuestra edad, bajita, de tez blanca como la nieve, tenía un cabello abundante y largo de color turquesa que le llegaba hasta la cintura. Llevaba varios piercings en la nariz y la boca, sus ojos azules como el mar estaban rodeados de una gruesa línea de color negro que los hacía más grandes. Vestía con una camisa de manga tres cuartos de cuadros con diferentes tonos de azul y un gran cinturón de color negro en el lugar de la barriga, llevaba pantalones pitillo y unas All Star del mismo color que el cinturón. La expresión de su cara era como si se encontrara en una profunda depresión y sus preciosos ojos no desprendían ninguna clase de sentimiento, era como si fuesen de cristal.
-Es ella-dijo Blake acercándome un poco más a la muchacha.
Se quedó mirándome un buen rato, como si me estuviera examinando, tras una larga espera dijo:
-La vida sólo quiere vernos infelices, por eso nos pasa cosas como la tuya innumerable de veces, nosotros somos demasiado tontos pensando que todo va a ser como los cuentos de hadas...
Me quedé mirándola, no sabía que era lo que me estaba diciendo ¿por qué estaba yo ahí? Ni siquiera la conocía aunque me parecía haberla visto varias veces en los pasillos.
-...Y hay gente que cree conseguir esos cuentos haciendo la vida de otros más deprimente de lo que ya es...¿no llega con saber que la vida es una camino que llega, aunque no quieras, a la muerte?
-Te...¿te refieres a Paris? Con lo de la gente que hace la vida de otros mas deprimente- la situación en la que estaba me incomodaba.
Ella sólo me miró fijamente, no sé cuanto tiempo pasamos así, pero la espera mereció la pena al escucharle decir:
-Puedo desmentir el tema de la pulsera.
Mi mente se quedó en blanco sin poder enviar ninguna orden a mis músculos que se encontraban completamente tensos, ¿cómo podía ser que después de casi dos meses me digan que todo puede volver a la normalidad? Sin poder evitarlo, mi vista se nubló por culpa de las lágrimas que comenzaban a acumularse en mis ojos de color miel.
La campana estaba sonando dándonos prisa para que no llegásemos tarde a clase. Blake me cogió del brazo y me dirigió hasta el aula, ya que yo todavía estaba en estado de shock. Fui hasta mi sitio sin atender a las miradas que me dirigía la mayor parte de la clase, mi mente estaba aturdida, llena de cosas en las que pensar, antes de entrar en clase, Blake me había susurrado "Hablamos de esto luego".
Me pasé todas las clases sin atender, sólo podía tener una cosa en mente: ¿cómo podían arreglar el malentendido? ¿Cuándo sería depués? ¿De qué conocía Paris a esa chica? ¿Quién era esa chica? Me dolía la cabeza, pero no podía hacer nada, tenía que aclarar las cosas y vengarme.
A la hora del almuerzo Blake me cogió del brazo y me llevó hasta la azotea donde se encontraba la chica del pelo azul.
-Primero de todo, ella se llama Neva- me dijo Bruno señalándola.
-Encantada-dije tendiéndole la mano y sonriéndole.
Ella vaciló un poco antes de estrecharme la mano y, leyendo mi la impaciencia que lanzaban mis ojos me dijo:
-Espera hasta el jueves, a las noticias que redacta por megafonía Kate Wingstone, ahí se aclarará todo.
Y sin más, se fue, dejándome con un montón de preguntas en la boca sin poder contestar, ¿por qué tendría que escuchar las cosas que dice Wingstone? el 60% de sus noticias están inventadas basándose en un hecho real para que a la gente le interese cosas sin importancia.
-No te preocupes, todo saldrá bien. Y no te enfades con Neva, ella es así.
-Parece que sabes mucho del tema...-dije un poco deprimida- pero no me cuentas nada.
Blake se acercó cuidadosamente hacia mí, acercó sus labios a mi oído y me dijo en un susurro "eso es porque el instituto tiene oídos". Cuando se apartó, me guiñó un ojo y salió de la azotea, dejándome sola con las mejillas ardiendo. Por alguna razón, cada vez que se acercaba más de lo normal, me ponía nerviosa y me sonrojaba, ¿podría ser...?
"No, no Elle, te estás equivocando" dije dándome unas palmadas en las mejillas para dejar de pensar cosas extrañas.
El resto de las clases pasaron bastante lentos, quería irme a casa para preguntarle cosas a Blake y que llegara rápido el jueves. La espera iba a ser muy larga...
Al terminar las clases, me despedí de mis amigas y me cogí el camino de vuelta a casa con Blake. Pasamos más de la mitad del camino callados, yo estaba un poco frustrada y no sabía qué decirle exactamente a Bruno, que caminaba mirando al suelo con las manos en los bolsillos. En un momento inesperado, paró de repente preguntándome:
-¿Quieres ir a tomar algo para que te explique un poco todo lo que ha pasado hoy?
Se me iluminaron los ojos y apareció una gran sonrisa sin que yo pudiera evitarlo, eso me había hecho muy feliz.
Desviamos el camino hacia el centro de la ciudad, donde paramos en una cafetería muy mona que se encontraba cerca de la panadería en la que trabajaba.
-Buenos días, ¿qué puedo servirles?-nos preguntó la camarera.
-A mí deme un refresco normal-dijo Blake.
-A mí otro, por favor.
Tras esperar a que nos llegaran las bebidas, Blake comenzó a hablarme:
-Verás, este es el plan... Kate le debe una muy grande a Neva (no sé por qué) por lo que ha decidido usarla como una cómplice. Nos ha costado convencerla de que tu no eras la culpable del tema de la pulsera y al final nos ha creído. Tenemos que esperar a que llegue el jueves, ya que Wingstone le hará una entrevista junto con Mariam.
-¿Y eso en qué me ayudará? Aunque se saque el tema, a mitad de la entrevista, lo usará para hacerme ver, aún más, como un monstruo.
-No te impacientes...-me dijo Blake con calma- hay algo que debes saber, y es que siempre que Mariam y Paris están juntas, no pueden parar de hablar de la pulsera. Mariam siempre pregunta cómo consiguió hacerlo y Paris le repite la historia una y otra vez, cada vez más detalladamente. Tenemos pensado que Kate las deje solas con el micrófono encendido para que todo el mundo escuche la verdad.
-Es un plan muy sencillo... ¿crees que hará efecto?-yo todavía no me encontraba muy segura.
-Es lo mejor que tenemos, o hacemos eso, o nos quedamos de brazos cruzados.
Yo solamente asentí terminando de beber mi refresco, aún no me convencía el plan que guardaban en tanto secreto Neva y Blake, pero él tenía razón: es mejor que nada.
Me apresuré a ir a casa para contarles todo a Destiny y a Malai, al llegar a la puerta, me giro para darle una última sonrisa a Blake que acepta encantado. Me quedé observando como abría la puerta de al lado y, en una especie de impulso, corro para abrazarlo por la espalda mientras digo con un hilo de voz <<gracias>>.
Volví a casa con la cara completamente roja, subí hasta mi habitación, me encerré en ella, saqué el móvil y empecé a explicarle todo por teléfono a Destiny que se encontraba en su casa junto a Malai.
Después de cenar me quedé un rato con mis padres viendo lo que daban en la televisión, luego subí y ordené las cosas para el día siguiente mientras pensaba que el día que había pasado no había sido tan horrible como los anteriores. Con más confianza en mí misma me metí en cama, sin poder esperar a que llegara el jueves.